Continuidad temática y estructural de “Madeinusa” a “La teta asustada”  Elvira Cetraro Luna

Me parece que “La teta asustada” podría ser la segunda parte de “Madeinusa”, por una serie de razones que explicaré a continuación. En primer lugar, en ambas películas se repite la ausencia de la madre: al comienzo de “La teta asustada” muere la madre de Fausta y en “Madeinusa”, la madre abandona a sus hijas para buscar una mejor vida en Lima. Fausta reside en Lima –ha crecido en esta ciudad durante la época del terrorismo– y ha sido una de las tantas víctimas del abuso sexual durante esos tiempos. Fausta crea un mito: “la teta asustada” es una enfermedad transmitida por la leche materna de las mujeres que fueron violadas o maltratadas durante su embarazo en la guerra del terrorismo en el Perú. Se trata de una representación del miedo que sienten todas las víctimas del terrorismo, que se ven obligadas a callar sus males, –o, en el caso en que decidan hablar sobre ellos, lo hacen sólo en quechua, el idioma del silencio. 

 

A pesar de que los hechos de “Madeinusa” ocurren en Manayaycuna (en quechua: pueblo al que no se puede entrar). En cambio, “La teta asustada” fue filmada totalmente en Lima, en locaciones como Manchay, Chorrillos y el centro de Lima, entre otras. Claudia Llosa repite la estructura de “Madeinusa” en “La teta asustada”. Ambas películas se ciñen al siguiente patrón temático:

 

1) Abuso

2) Muerte

3) Fetichismo

4) Celebración

5) Abandono
1) El abuso del patriarca

El incesto se sugiere en ambas películas. En “Madeiusa” se denuncia de manera explícita, ya que la protagonista se ve obligada a dormir con Don Cayo, su padre y el alcalde del pueblo, durante el Tiempo Santo. El incesto no es considerado como un tabú por los protagonistas andinos, sino por la focalización de la cámara, que representa la visión limeña-occidental de Salvador (en la ficción) y de la directora (en la realidad). Dios no ve durante el Tiempo Santo, pero Don Cayo sí, y castiga a Madeinusa por celos, ya que esta prefiere al joven Salvador antes que a su padre.

En “La teta asustada”, sin embargo, se sugiere de forma implícita, ya que si bien Fausta no fue directamente violada, sino su madre, la protagonista heredó el miedo. La muerte de su madre la obligará a enfrentarse a sus miedos y al secreto que oculta en su interior: ella se ha introducido una papa en la vagina, como escudo, como un protector, y piensa que así nadie se atreverá a tocarla. La flor de la papa es poco común, pero es barata, según el jardinero que la ayudará más adelante y que al final de la película le regalará una maceta con esa flor.

 

Cuando murió la madre de Fausta, esta quiere llevar su cadáver a su pueblo de origen en Ayacucho para enterrarla, pero no se atreve a ir sola, por su “teta asustada”, ni tiene dinero para realizar el viaje. Como la muerte de la madre de Fausta fue tan súbita y al mismo tiempo se iniciaba la celebración por las bodas de Máxima –la prima de Fausta–, su  tío Lúcido –el padre de Máxima– hace un trato con ella: Fausta deberá haber enterrado a su madre antes de que empiecen las celebraciones. Don Lúcido no quería ver muertos ni recordar cosas tristes durante las bodas, que deben ser tiempo de alegría. Este pacto, sin embargo, no se cumplirá, al igual que otro que Fausta contraerá con su futura patrona, como veremos más adelante.

 

2) La muerte como una mala señal en tiempo de fiesta

Cuando comienza el Tiempo Santo en “Madeinusa”, hubo un muerto y Don Cayo automáticamente lo presagia como una suerte de mal agüero, que además coincide con la llegada de Salvador –cabe resaltar el nombre paradigmático– un joven geólogo de Lima que llegará accidentalmente al pueblo y cambiará el destino de la muchacha. La muerte, en el contexto de las festividades de Semana Santa –en las que a partir del Viernes Santo, a las tres de la tarde, justo a la hora en que Cristo muere crucificado, hasta el Domingo de Resurrección, el pueblo entero puede hacer lo que quiere– invierte el orden jerárquico y vuelve el mundo al revés. Además, coincide con la llegada del “otro” –en este caso, el limeño es el “otro”–, que altera el orden del bien con su intervención, haciendo que Madeinusa sufra una conversión. El sujeto femenino se construye en dos etapas: es ángel al inicio del Tiempo Santo, pero se convierta en demonio, después de haber conocido (en sentido etimológico) más de cerca al “otro” limeño, a quien utiliza y asesina para lograr su objetivo: ir a Lima y ganarse una identidad.

 

En “La teta asustada”, la súbita muerte de la madre de Fausta hace que esta finalmente se enfrente al mundo y a sus temores y decida trabajar como empleada doméstica. La ausencia de su madre es reemplazada por una patrona que, como veremos más adelante, termina aprovechándose de ella.

 

3) Fetichismo hacia los objetos femeninos

La señora Aída, una compositora venida a menos, era la patrona de Fausta. La señora estaba pasando por una crisis, en la que termina arrojando su piano vertical por la ventana, durante un ataque de ansiedad. Mientras limpiaba, cuando creía estar sola, Fausta cantaba en quechua para olvidar sus miedos. Sin que se dé cuenta, su patrona la escucha y le pide que le cante, a cambio de las perlas de un collar que se le había roto. La señora Aída guardaba las perlas en una balanza y las pasaba una por una de un lado al otro conforme Fausta iba mostrándole sus progresos. Fausta improvisaba en el momento, en quechua o en castellano. A la señora Aída le fascina una canción sobre una sirena que Fausta cantaba en castellano y terminó apoderándose de ella para interpretarla como propia en un concierto que ella misma organizaba, lo que le permitió recuperar el reconocimiento que había perdido. Fausta escuchó el recital desde el camerino y recibió unas flores para su patrona, justo cuando esta ejecutaba su melodía, en una versión occidentalizada y arreglada para un público acostumbrado a escuchar música clásica europea. (Un detalle que cabría resaltar es la razón por que Fausta no se dio cuenta del plagio antes, si su patrona ya había recibido su piano nuevo de media cola y tendría que haber practicado el nuevo repertorio en casa antes del concierto).    

 

Después del recital, la patrona y un amigo van conversando sobre el éxito del concierto en el carro y Fausta escucha la conversación desde el asiento de atrás. Cuando se refieren a la melodía de la sirena, Fausta se atreve a opinar, demostrando haber empezado a superar sus miedos. No obstante, esto termina costándole el empleo, porque la señora, cuando se da cuenta de la indirecta, la obliga a salir inmediatamente del carro en plena Vía Expresa. Fausta se queda lamentándose por sus perlas y el trato no cumplido.

La actitud de Fausta hacia las perlas es tan fetichista como la de Madeinusa hacia los aretes de su madre. Recordemos que Madeinusa asesina a su padre sólo porque este había mordido los aretes como una forma de castigo a la desobediencia de su hija, que prefirió acostarse con Salvador en vez de con su padre. No obstante, el castigo de Madeinusa es doble: al descubrir a los amantes, Don Cayo le muestra a Salvador los obsequios que le hace la gente del pueblo a la virgencita (en esta ocasión, a Madeinusa). Para hacerles creer que ella se los lleva al cielo (arriba), Don Cayo los guarda en el desván (en los altos). Don Cayo le ofrece a Salvador que escoja cualquiera de los objetos, entre ellos se encuentra Madeinusa. Como Salvador lo nota y se niega a escoger, Don Cayo escoge una figura de un santo por él. Salvador arroja la figura al suelo y esta se rompe. Don Cayo lo toma como un desaire y le deja en claro que él no va a poder llevarse absolutamente nada del pueblo.  

 

Ambos objetos –los aretes y las perlas– son recursos de ascenso social para las protagonistas, porque vienen de Lima y porque los “heredan” de figuras maternas: la madre que abandonó a Madeinusa y la patrona que se aprovechó de Fausta.

 

4) El mundo al revés en tiempos de fiesta

En el pueblo de Manayaycuna todo estaba permitido durante el Tiempo Santo. Este es el argumento del que se sirve Madeinusa para convencer a Salvador de que podían hacer el amor sin que sea pecado. No olvidemos que la llegada de Salvador había coincidido con la muerte de una habitante del pueblo. Esta muerte al inicio del Tiempo Santo era considerada un mal presagio porque coincidía con la muerte de Jesucristo –el Salvador– en Viernes Santo y con la muerte simbólica de Madeinusa –el ángel, que después del acto sexual, se volvió demonio–. Como consecuencia, al final de la película se sugiere la muerte real de Salvador. Si bien no se la muestra de manera explícita, se la sugiere a través de los gritos de Chale, la hermana de Madeinusa, a los cuales se une –cínica y desconcertantemente– la protagonista para lograr su objetivo: huir a Lima sin que la culpen por haber asesinado a su padre. Después de oír “¡El gringo ha matado a mi papá, vengan!” repetidas veces, es de suponer que Salvador termina apanado y muerto por todos los hombres del pueblo.

El orden en “La teta asustada” sólo se invierte hasta cierto punto, ya que si bien el tío Lúcido le ordena a Fausta que entierre el cadáver de su madre antes de que empiecen las festividades del matrimonio de Máxima, esta promesa no se cumple. La forma en que se celebran las bodas es mucho más extensa que la duración del Tiempo Santo. Fausta  observaba las diversas etapas de estas celebraciones cada fin de semana. Hasta cierto punto podemos afirmar que la muerte, por medio del cadáver de la madre de Fausta, trastoca el orden alegría-tristeza, ya que está presente a lo largo de todas las festividades. Cabe resaltar las escenas en las que Fausta teme que su tío haya cumplido la amenaza de enterrar a su madre en el terral de la casa si es que ella no la llevaba al pueblo antes. En primer lugar, Fausta ve a su tío cavando una fosa y sospecha que se trata de una tumba, cuando en realidad el agujero servía para una piscina; en segundo lugar, cuando durante uno de los bailes decide ir a su cuarto y se encuentra con el vestido de la novia (símbolo de nueva vida) sobre la cama, justo donde estaba el cadáver de su madre (símbolo de la muerte). El tío Lúcido había dicho que no quería ver muertos durante las festividades de la boda, entonces escondió el cadáver debajo de la cama, sobre la cual se encontraba el vestido.

 

 

Mientras que la muerte estuvo presente durante la celebración en “La teta asustada”, en “Madeinusa”, en cambio, a pesar de ser un mal presagio, la muerte es parodiada. Obsérvese el funeral profano del cadáver: el traslado nada solemne del ataúd y el corte de corbatas. En “Madeinusa” la muerta es fotografiada junto con sus familiares durante el velorio; en cambio, en “La teta asustada”, Fausta se lamenta con el jardinero de que los únicos recuerdos que conservaba de su madre y de otro tío que había muerto eran unas radiografías (“fotografías del estómago”).

 

Otro aspecto que cabe mencionar es el de los contrastes en las celebraciones: si bien la familia de Máxima en “La teta asustada” es muy pobre, gasta demasiado para celebrar sus bodas, pero a pesar de la inversión, sólo tienen acceso a una estética kitsch, que contrasta notablemente con el entorno de Fausta en casa de la señora Aída, que además queda al extremo opuesto de la ciudad.

 

En “Madeinusa”, en cambio, los contrastes no son de carácter socioeconómico, ya que toda la acción sucede en Manayaycuna, pero se representan por medio de los colores. Madeinusa y Chale se visten con colores fosforescentes y también llaman la atención los arreglos florales que enmarcan al Tiempo Santo. Estos colores contrastan con la palidez de Salvador, un muchacho “blancón” de Lima, que llevaba un polo cuya etiqueta decía: “Made in USA”. La protagonista descubre el verdadero significado de su nombre durante el acercamiento físico que tiene con Salvador, quien al notar su desconcierto, le dice: “Madeinusa…, ese no es un nombre. Tú deberías llamarte Rosa o María, no Madeinusa”.

 

 

5) Abandonos

 

Finalmente, después de la inversión del orden del mundo, las protagonistas de ambas películas abandonan sus objetivos iniciales. En el caso de Madeinusa, cuando conoce a Salvador se obsesiona con la idea de ir a Lima, como su madre, y para lograrlo termina utilizándolo cruelmente. Madeinusa abandona no sólo a su familia, sino a su pueblo (su mundo) para ir a Lima, donde será lo “otro” y, probablemente, siguiendo los pasos de su madre, no le quedará otra opción que trabajar como empleada doméstica, que es lo que hará Fausta en “La teta asustada”.

 

 

Por otro lado, Fausta abandona su objetivo inicial: enterrar a su madre en su pueblo natal, y termina enterrándola en Lima, junto al mar, después de las celebraciones de la boda de Máxima, a pesar de las amenazas de su tío y habiendo transgredido el orden natural de las cosas, para que (el cuerpo de) su madre estuviera presente durante las celebraciones.

 

Conclusiones

 

Para concluir este artículo comparativo de ambas películas, podemos afirmar que Claudia Llosa propone una forma novedosa para representar las repercusiones del terrorismo sobre las generaciones que nacieron durante el conflicto y posteriores: “la teta asustada” como enfermedad transmisible a través de la leche materna. No obstante, me parece que en realidad se trata de un disfraz para tapar el miedo que ha quedado reprimido en la memoria de todos los peruanos que recordamos y crecimos en esa época.

 

En cuanto a la estructura de ambas películas, ya hemos visto que no es del todo original, ya que “La teta asustada” repite la de la ópera prima de la directora. Sin embargo, a pesar de haber repetido también el criterio de elección del reparto en ambas películas –que no sean actores profesionales, sino gente común y corriente–, hay que reconocer el acierto de Claudia Llosa en ambas ocasiones al escoger a Magaly Solier como actriz principal en ambos casos, por haber descubierto el talento de Magaly, tanto en la actuación como en la música.

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