RESEÑA SOBRE LA NOVELA "GENERACION COCHEBOMBA"  MANUEL ANGELO PRADO CHIRA
En los últimos años hemos podido apreciar un incremento de obras literarias cuya temática está estrechamente ligada a la violencia política que asoló a nuestro país durante la década de los ochenta y noventa; siendo los principales ejemplos “La hora azul” de Alonso Cueto y “Guerra a la luz de las velas” de Daniel Alarcón, esta novela y libro de cuentos, respectivamente, fueron ganadores de importantes premios internacionales. Personalmente, el libro de Alarcón me parece mejor construido y tiene una mejor habilidad para llegar al lector a diferencia de la novela de Cueto que no llega a conectarse totalmente con el lector (quizás por ser una historia dentro de otra historia).
Siguiendo esta línea de literatura relacionada con el terrorismo llega “Generación Cochebomba” de Martín Roldan Ruiz (1970), novela que funciona como testimonio para quienes les tocó la “suerte” de ser jóvenes en la década de los ochenta en nuestro país. El libro, desde la tapa, es una invitación a una reflexión y a la rebeldía: se muestra un collage de imágenes en blanco y negro que funciona como resumen de la década. Tenemos una foto de Alan García con su sonrisa en campaña electoral, de Abimael Guzmán retratado con un libro en la mano, secundado por imágenes de carros destruidos (cochebombas). En la parte inferior, un cantante punk (la movida subterránea) con su peinado característico, a su costado un grupo de jóvenes en lo que parece ser el denominado “pogo”. Al centro, una foto de una mancha de amigos con la moda ochentera de pantalón y casacas jeans, pelo largo, los rostros relajados, sonrientes y despreocupados del futuro. Todo esto rematado por el titulo en letras rojas. La utilización del color negro y rojo es bastante significativa: rojo es sentimiento revolucionario comunista, mientras que el negro es el color de otra revolución: la revolución subterránea (la movida subte), propagada por lo conciertos de punks, hard rock y géneros afines. Los jóvenes de esta movida poseían un desinterés total por la vida política y social; simplemente querían vivir el momento. Estos jóvenes tomaban sus vidas como una carrera de autos, viviendo al límite. Dentro de las páginas se desarrolla la historia de un grupo de jóvenes. Cada uno es un pequeño universo de problemas, anhelos y decepciones, pero todas son iguales en algo: cada una de estas vidas ha sido tocada por el terrorismo. El libro presenta al terrorismo ya no solo como un problema social y político, sino como un fenómeno que también es íntimo, familiar. Un fenómeno que puede meterse en nuestra vida personal, amical y amorosa, como veremos más adelante.
Pero no caigamos en el facilismo de enmarcar a esta novela como una novela solo de violencia política, porque no lo es. Generación Cochebomba es también una novela de búsqueda personal. El personaje principal, Adrián R (nótese el juego de palabras Adrián con Adán), anda en la búsqueda de lo que todos queremos encontrar: una razón para ser, nuestro lugar en este mundo. Desde esta perspectiva, este personaje sigue la línea del cadete Alberto Fernández de  La ciudad y los perros, personaje que busca su lugar en un ambiente hostil y salvaje: El Perú.
Es interesante, además, el dialogo intertextual que tiene esta obra con Conversación en la Catedral en las primeras paginas. La visión de Adrián R de la ciudad de Lima es parecida a la de “Zavalita”. Veamos:
“Desde la puerta de La Crónica  Santiago mira la avenida Tacna, sin amor: automóviles, edificios desiguales y descoloridos, esqueletos de avisos luminosos flotando en la neblina, el mediodía gris. ¿En que momento se había jodido el Perú? Los canillitas merodean  entre lo vehículos detenidos en los semáforos de Wilson voceando los diarios de la tarde y el hecha a andar, despacio, hacia La Colmena.  Las manos en los bolsillos  cabizbajo, va escoltado por transeúntes que avanzan, también, hacia la plaza San Martín. Él era como el Perú, Zavalita, se había jodido en algún momento. Piensa: ¿En cuál? Frente al hotel Crillón un perro viene a lamerle los pies: no vaya estar rabioso, fuera de aquí. El Perú jodido, piensa Carlitos jodido, todos jodidos. Piensa: no hay solución”.
 
Aquí podemos apreciar la visión desesperanzada, resignada de Zavalita, como si el Perú le asqueara. La observación de las calles denota que no hay ningún lugar que no esté jodido, que no este infectado (como una enfermedad, de ahí lo significativo de la mención de la rabia). Como menciona Yolanda Westphalen  “… el Perú es la suma de individuos, pero de individuos jodidos como él”. Adrián R, por otra parte, mira al Perú con odio. Es una mirada más radical que denota el sentir de su época: la generación de los ochenta. De esta forma, en las primeras líneas podemos leer cosas como: “Sí, por donde posaba los ojos estaba presente, como un ser vivo, como un peruano más. Calles de mierda, transito de mierda, gente de mierda, sociedad de mierda… ¡País de mierda!”.
Quiero hacer hincapié en la parte de “…como un ser vivo, como un peruano más” y su conexión con el articulo de Yolanda Westphalen. En las novelas de Vargas Llosa y Roldan Ruiz podemos encontrar la idea del Perú como un individuo que alude a la noción  de estar jodido, que se radicalizará en el personaje de Adrián R con su país y sociedad de mierda.
Este término, si vamos al diccionario, en unas de sus acepciones define a la palabra con el excremento, es decir, aquello que ya no puede ser utilizado para crear algo. Es el desecho. Pero es necesario hacerse la pregunta, ¿este desecho, el Perú de mierda, para que nos sirve? La respuesta cae por su propio peso: para formar una Nación. La novela nos muestra la problemática de una conciencia nacional y para esto toma como marco una guerra interna que es producto de esta falta de cohesión nacional. Esta guerra, producida por el extremo centralismo y el abandono de las demás regiones de país, en especial, la sierra y la selva. Además, no se puede olvidar la estructura feudal de la sociedad peruana marcada por un sesgo racial, donde unos son señores y otros sirvientes aun cuando todos seamos considerados ciudadanos, por lo menos en el papel.
 
Adrian R y compania
Siempre se dice que los jóvenes son herederos de la sociedad. Son ellos los que mejorarán la sociedad que sus padres les legaron; sin  embargo, ¿qué pasa cuando esos padres se vieron sumergidos, como Zavalita, en una decepción social y política? ¿Influenciarán en los herederos? Adrián R y su grupo de amigos funcionan como los herederos literarios de Zavalita. En otras palabras, podemos decir que son causa y efecto. La ideología de zavalita causa la actitud de Adrián R y compañía.
Esta compañía de Adrián R está conformado por tres amigos: Pocho Tebrinkla, Carlos Desperdicio y el Innombrable. La historia de cada uno de estos jóvenes es relatada en párrafos intercalados, una forma muy parecida a la de Mario Vargas Llosa, lo que induce al lector a jugar al rompecabezas. Solo al final, cuando se tengan todos los pedacitos completos, podremos tener el marco global de la novela. Veamos cada pedazo, cada historia de estos jóvenes.
Pocho Tebrinkla es resultado del abandono afectivo de sus padres. El problema clásico de los padres que no son capaces de comprender e interesarse por conocer a su hijo. Agravado por el prejuicio que los mayores cultivan en los pequeños: “¿Cómo tu hincha de esos negros y cholos apestosos? Recuerda, hijo tú eres blanco, tienes que ser de la U. Pero papá, a mi gustan los colores de Alianza…” (69). El padre nunca se interesó por saber qué le gustaba al niño, menos aún que sus creencias racistas podrían afectarlo, ya que el padre denigra e insulta a todo lo que tiene que ver con Alianza Lima; al niño, los gustos de este y hasta a sus amigos. Como resultado, Pocho entrará al mundo de las barras bravas, apadrinado por un amigo. Las drogas y el alcohol se convertirán en un estilo de vida.
 Carlos Desperdicio es producto de un matrimonio infeliz. Su madre llama a su padre “monstruo”. Su padre ha engañado a su madre, quien termina volviéndose una persona fea (la conexión entre belleza y bienestar emocional es fundamental), en contraste como Carlos la recordada: “blanca, alta, garbosa, llena de vida”. Por ultimo, Carlos Desperdicio mantendrá una relación homosexual.
El Innombrable es el intelectual del grupo. En realidad, un intelectual de la contracultura, ateo, lector de Sartre, H.P. Lovecraft (autor de influencia gótica, ateo hasta su muerte). Conforme pasamos las páginas nos damos cuenta de su crítica a la supuesta solidaridad y a su nula preocupación que le da al prójimo. Lo curioso es su verdadero nombre, revelado solo al final de la novela: un nombre que es todo lo contrario a lo que es Innombrable, la verdad negativa. Este personaje es una herejía en ese sentido.
 
Cada un de estos tendrá un historia personal -narrado en la segunda parte de libro, denotado por el numero 4, en alusión al numero de integrantes- con el terrorismo: el secuestro de sus padres, la experiencia de la toma del penal el Sexto, el testimonio de un amigo íntimo enviado a la guerra, la atmósfera putrefacta que invadió Lima en la amanecida de los perros muertos, entre otros. Todos estos hechos narrados con gran realismo y buen manejo del lenguaje debido, en gran parte, a los estudios que hizo el autor en la Escuela de Periodismo Jaime Bausate y Mesa, dándole al lector la sensación de estarlo viviendo también.
 
Los otros actores
En el universo de Generación Cochebomba encontramos a otros personajes que también serán infectados por el virus terrorista; algunos con consecuencias fatales. Jóvenes como  Adrián R y sus amigos, mujeres que se enfrentan a la realidad de forma cruel y salvaje. Jóvenes comunistas que buscan reclutar más adeptos para su causa. Se torna así en una ciudad la problemática de varias vertientes de pensamiento, de varios grupos sociales, grupos contraculturales (los subtes, punks, los anarcos, etc.). Esto se ve reflejado en el capítulo VI de la segunda parte de la novela donde se inicia un conversatorio de voces de diferentes tipos de pensamiento, diferentes identidades que declaran su pensamiento con plena libertad: son las nuevas identidades que han surgido, constetarias todas, opositoras a una democracia que no funciona y que ha ocasionado una guerra interna. Alberto Flores Galindo decía que en el Perú existían dos republicas: la de blancos y la de indios. Aquí vemos varias mini repúblicas, o mejor dicho, antirepúblicas: grupos que quieren alejarse de un orden político y social, porque simple y llanamente este les da asco.
Por otra parte, también se presenta la nostalgia de los hombres adultos por un pasado mejor y promisorio. El padre de Adrián R trabaja como taxista (quizás la profesión más emblemática de los peruanos) y es una consecuencia de la vuelta a la democracia (pág. 51-57). En efecto, este señor pertenece a ese grupo de individuos que pudieron acariciar el sueño de todo trabjador: ser dueños de las empresas (las comunidades industriales, el proyecto que desarrolló el Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas con el general Velasco a la cabeza). En una breve referencia histórica, Roldán Ruiz nos recuerda como a la vuelta de la democracia con Belaunde Terry se hizo quebrar una empresa por el simple hecho de que era un empresa militar y que tenía como singularidad que los trabajadores eran accionistas.  La prosperidad económica y familiar que  también es recordada por Adrián R. La sospecha de la falsedad de la democracia peruana esta detrás de las palabras del papá de Adrián R, ¿Cómo, en una democracia, el gobierno hace quebrar una empresa solamente por motivos políticos?, ¿es acaso, ese, el libre mercado que tanto pregonan los demócratas? La frase con que termina el discurso del padre de Adrián R es un resumen del sentir de una gran mayoría de peruanos: “meses después convocaron a elecciones para la Asamblea Constituyente y volvimos a la democracia…y con ella, mi desgracia”.
 
Los terrucos y la historia de amor
 
La vida de los terroristas también es retratada en esta novela de una forma crítica, sin tomar partido (de la misma forma que se critica la democracia). La novela se centra en la historia de dos terroristas, a quienes el autor llama él y ella (narrada en capítulos con otra numeración) como una forma de englobar a todos los varones y mujeres que se dieron su vida por la causa terrorista, muchos de ellos porque no encontraron respuestas a sus problemas existenciales en sus familias o en sus amigos. Ella será una mujer que dudará y abandonará la causa por no encontrarse completamente convencida. Mantendrá una relación con Adrian R, pero pronto retomará conciencia a raíz de una experiencia cercana con la pobreza. De esa forma, abandonará a Adrián R y tomará un rol más protagónico en la lucha contra el Estado. Sin embargo, querrá hacer parte de su causa a Adrián y lo llevara junto con Él, quien resultará ser su tío, hermano de su padre asesinado. Aunque la novela, no lo dice el autor, da la sospecha de que estos terroristas tienen una relación más allá del compañerismo. Para el protagonista de la novela este será un choque muy fuerte y ahondará su desilusión por su vida mezclándose con la rabia por la muerte de su padre, quien solo es un número más de una estadística, un precio que se debe pagar por la revolución. La ira tocará a Adrián, pero evitara hacer más conflicto y se retirará. Quizás porque sabe que cualquier acción que tome no servirá de nada. Los amigos de Adrián terminarán sus vidas de una forma trágica, como fue el destino de muchos jóvenes de la época. Un final desolador para una época desoladora.
 
Esta novela da mucho que pensar. Veinte años después del inicio de la violencia política del país es necesario preguntarnos qué hemos aprendido. Para muchos este fue un conflicto que involucró cuestiones raciales. Era la guerra entre unos cholos rebeldes contra un Estado criollo y centralista. En un principio, la guerra ocurrió lejos, pero después vino a la capital. Fue allí recién cuando tomamos la importancia al asunto, cuando pasó a la ciudad ( la capital del poder), cuando no solo era un pleito con unos cholos o mestizos rebeldes, como pensaban muchos. En otras palabras, cuando se convirtió en una amenaza real. Slavoc Zizeck denomina el multiculturalismo como un racismo a la distancia: mientras el objeto víctima de racismo esté lejos, todo estará bien, se le tolerará. Cuando se acerque, ahí empezará el conflicto; es decir, cuando sea una amenaza. Podemos utilizar estas afirmaciones para entender esta novela y a la generación que retrata. El olvido de las regiones del país y sus habitantes. La generación de los ochenta, la generación cochebomba, fue una cúspide de este conflicto multicultural, cuando las distintas identidades culturales chocan. Leemos y podemos también escuchar (la novela presenta un curioso soundtrack) las voces de protesta ocasionadas por la intolerancia y discriminación de un país no sabe ser nación. Una generación que buscó en distintas vertientes contraculturales la identidad que no le daba su Nación.
 
 
Citas
1.- Vargas Llosa, Mario. Conversación en la Catedral. Lima: Peisa, 2001.
 
2.-  Westphalen, Yolanda. La mirada de Zavalita hoy: ¿en qué momento se jodió el Perú? Gonzalo Portocarrero, Víctor Vich, Santiago López Maguiña y Rocío Silva Santisteban (editores). Estudios Culturales: discursos, poderes, pulsiones. Lima: Red para el desarrollo de las Ciencias Sociales, 2001.

3.- Roldan Ruiz, Martín. Generación Cochebomba. Lima: Editorial independiente, 2007.


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